Publicado en Infobae 

Hasta el pasado 7 de enero, en el mundo del semanario satírico Charlie Hebdo, los terroristas sólo estaban hechos de tinta sobre papel. Ese día, alrededor de las 11:30, la reunión de redacción estaba por terminar cuando se escucharon ruidos secos, como de petardos. Un hombre vestido de negro, con una Kalashnikov, irrumpió en la sala. Gritó «Allahu akbar» dos veces, mientras el olor a pólvora entraba por la puerta abierta. Descargó el arma. Fueron doce muertos, entre ellos, varios caricaturistas ilustres.

A seis meses de la masacre, tres dibujantes de generaciones y trayectorias distintas, hablaron con Infobae sobre cómo afectó a la libertad de expresión y su trabajo.

Jean Plantureux, el ilustrador del diario francés Le Monde, atendió las preguntas desde Brasil, donde participa en la Fiesta Literaria Internacional de Paraty. Patrick Chappatte, que dibuja para el International New York Times y los europeos Le Temps y Neue Zürcher Zeitung, habló desde los Estados Unidos. La más joven de los tres artistas, Camille Besse, que se formó en Charlie Hebdo, trabaja en Paris para L’Humanité Dimanche y Causette.

— No me tiembla el pulso. Cuando hay que dibujar contra los yihadistas, dibujo contra los yihadistas. Sigo haciendo mi trabajo exactamente como lo hacía —aseguró Jean Plantureux, a quien la mayoría conoce sólo como Plantu.

El hombre de 64 años dice ser el caricaturista que siempre fue, pero no el mismo ciudadano. Después de lo de Charlie Hebdo, el Ministerio del Interior encontró que era necesario proteger al dibujante estrella y le asignó guardaespaldas.

— ¿Cuánto impactó en tu vida?
— Como amante de la idea que tengo de la democracia, fue un golpe duro.

Plantu, que vio a François Hollande hace poco, sabe por el presidente que la medida de protección se mantendrá en el tiempo. «Lamentablemente», manifestó. Como él ahora, hacía unos años que Stéphane «Charb» Charbonnier –el director de Charlie Hebdo, muerto en el ataque terrorista–, iba a todos los lugares con al menos un policía, aunque fuera para un almuerzo entre amigos.

Plantu / Le Monde

Plantu / Le Monde

En febrero de 2006, Charlie Hebdo retomó las caricaturas de Mahoma inicialmente publicadas por Jyllands-Posten, principal diario conservador de Dinamarca. La representación del profeta, que es una blasfemia para el islam, indignó a quienes profesaban esa fe. La consecuencias incluyeron tensión diplomática con el mundo musulmán, boicot económico, protestas y enfrentamientos.

En noviembre de 2011, la revista francesa publicó un número especial, con Mahoma como jefe de redacción, a propósito de la instauración de la sharia en Libia y la victoria de Ennahda en Tunéz. El mismo día de su salida, un cóctel molotov destruyó la sede del semanario y la pagina web del diario fue pirateada.

En septiembre de 2012, un hombre sospechado de llamar a decapitar al director de Charlie Hebdo en un sitio de internet yihadista es arrestado.

— Desde el caso danés, sabía que esto no iba a terminar ahí —comentó Patrick Chappatte, que dibuja para diarios de ambos lados del Atlántico.

«Derramaron sangre por un trazo de tinta; mataron por un dibujo», dice Chappatte

La trayectoria internacional de Chappatte parecía trazada desde la cuna: es hijo de una madre libanesa y un padre suizo, nacido hace 48 años en la ciudad pakistaní de Karachi. Viajó por un sinfín de lugares en el mundo. Además de Ginebra, vivió en Nueva York durante la segunda mitad de los años 90, y en Los Ángeles, donde se radicó hace unos meses con su familia.

Por la diferencia horaria que separa París de la costa oeste de los Estados Unidos, el dibujante se enteró de la masacre cuando recién se despertaba.

— Abrí los ojos en un mundo surreal. Derramaron sangre por un trazo de tinta; mataron por un dibujo. Ya no era una amenaza, sino una realidad.
— ¿Se redujo su libertad dentro de los medios para los que trabaja?
— No, en absoluto. Los límites son los que ya tenía definidos. Aún así, es cierto que, por el contexto, uno dibuja con una sombra arriba de la cabeza.
— ¿Tiene miedo?
— Me lo pregunto a veces, de manera teórica: sí podría llegar a tener miedo por tal dibujo. Pero no es lo que siento.

Chappatte / Neue Zürcher Zeitung am Sonntag

Chappatte / Neue Zürcher Zeitung am Sonntag

Para el primer número de Charlie Hebdo después de los atentados, Mahoma volvió a ser tapa con el título «Todo está perdonado». Esta vez, el profeta sostiene un cartel que dice «Yo soy Charlie», y una lágrima le cae de los ojos.

En solidaridad con el satírico, medios franceses y de todo el mundo difundieron la viñeta, mientras que Jyllands-Posten –el diario por el que se había desatado la polémica en 2005– prefirió no hacerse eco por motivos de seguridad. En una década, la redacción danesa nunca había dejado de recibir amenazas.

A un año del inicio del caso danés, en octubre de 2006, Plantu emprendió junto con Naciones Unidas, la creación de Cartooning for Peace (Dibujos para la paz). Desde ese momento, la asociación creció en una red de más de 100 dibujantes en unos 40 países, con la idea de apoyar la libertad de expresión y ponerla en debate.

— Con colegas musulmanes, cristianos, judíos y ateos defendemos a los caricaturistas de todo el mundo, y cuando estamos en Filipinas, Palestina o Chipre explicamos que ni los dibujantes daneses ni los de Charlie Hebdo se levantaron por la mañana con la intención de humillar a otros.

Después de los atentados contra el satírico, Cartooning For Peace invitó a la dibujante Camille Besse a hablar con alumnos de colegio y secundaria sobre su trabajo.

«Yo no cambie ni pienso cambiar mi forma de trabajar», dice Besse

Visitó escuelas principalmente ubicadas en La Seine-Saint-Denis, un departamento en la periferia de Paris. En Francia, muchos le dicen «el nueve tres», por el número que lo identifica en el mapa administrativo del país. Que se lo llame con cifras o letras, no cambia la realidad que lo pone seguido en boca de algunos políticos y también de la prensa como el ejemplo de lo que no funciona en términos de integración.

— Me asombró la manera en que se habló de los chicos que «no son Charlie», los que no fueron a manifestar, que se sintieron ofendidos por los dibujos y lo dijeron. Se les trató como idiotas, como si no entendieran nada.
— ¿En qué medida la caricatura se tendría que amoldar a esa diferencia cultural?
— Yo no cambié, ni pienso cambiar mi manera de trabajar. Pero el contexto –el lugar y el tiempo– de un dibujo le da el 50 por ciento de su significado. Si no estoy dispuesta a cambiar, entonces tengo, por otro lado, que explicar lo que hago.

Con 32 años, Besse forma parte de la nueva generación de dibujantes de prensa en Francia. El oficio lo aprendió en Charlie Hebdo siete años atrás. Ahora trabaja para el semanario político L’Humanité Dimanche –con el que Charb también colaboraba– y en el mensual femenino y feminista Causette.

Ya había dado talleres –en el ámbito carcelario, por ejemplo–, pero luego del 7 de enero, sintió que tenía que profundizar en ese encuentro con el otro, sobre todo cuando piensa distinto. Con el mismo criterio, tomó la iniciativa de compartir algunos de sus dibujos en las redes sociales, que hasta entonces no utilizaba.

— ¿Se siente parte de una lucha por la libertad de expresión contra el terrorismo?
— Luchar contra el odio es probablemente una manera de combatir el terrorismo, pero, en realidad, peleo contra la tontería.

Besse / L'Express

Besse / L’Express

En materia de diferencias culturales y de puntos de vista sobre la actualidad, Chappatte sabe mucho. Además de ser integrante de Cartooning for Peace, el suizo fundó la asociación Plumes Croisées (Plumas cruzadas), con el objetivo de hacer dialogar, con hojas y plumas, a dibujantes de distintas afinidades o bandos opuestos, en contextos altamente conflictivos como los de Guatemala, el Líbano, Costa de Marfil o Serbia.

Las discrepancias en la percepción sobre el ejercicio de la libertad de expresión también las vive en situaciones cotidianas en los Estados Unidos.

— Me sorprendió la cantidad de reacciones de incomprensión sobre lo que era Charlie Hebdo. Muchos lo vieron como un diario racista.

Algunos detractores salieron a la luz tras la decisión del PEN American Center de galardonar a Charlie Hebdo con un premio por su valentía frente a los atentados.

«No hay que rendirse. Tenemos que continuar con nuestro trabajo», dice Plantu

Seis autores invitados decidieron boicotear la cena de gala y más de 200 manifestaron su repudio a través de una carta abierta en la que acusaron al satírico de provocar «humillación y sufrimiento» a poblaciones ya marginadas y con un alto porcentaje de musulmanes.

— ¿A quién golpeaba Charlie Hebdo?
— Al yihadismo, al extremismo —dijo Chappatte—. En el mundo de Charlie, el ser humano es fundamentalmente idiota y malo. Todos son feos de igual manera. Ese humor «tonto y malo, que vale para todos», es difícil de hacerlo entender fuera de Francia. Hoy, el mundo es global, pero el humor es principalmente local, y ¿cómo se resuelve?

Tras los atentados, Besse estuvo más de un mes paralizada por el miedo de «no estar a la altura» antes de volver a meterse de lleno en el trabajo. Ahora tiene una mano inmovilizada por una fractura. «Un acto fallido», dice ella, para finalmente tomarse las vacaciones que necesitaba.

En unos días, Chappatte volverá a Suiza, donde tal vez tendrá otras sensaciones, porque «el clima europeo es denso», y que a la distancia se siente más reguardado. Tanto él como Plantu seguirán construyendo puentes de diálogo con otras partes del mundo, otros puntos de vista.

— No hay que rendirse —dijo el dibujante de Le Monde—, tenemos que continuar con nuestro trabajo y saber que tal vez a la vuelta nos estén esperando con Kalashnikovs.

 

 

*Foto de portada: © AP a través de Infobae